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MADRID, PALACIO DE GAVIRIA
CALLE DEL ARENAL, 9

05 Octubre 2018
24 FebreRo 2019

La Exposición

Arthemisia ha abierto al público una nueva muestra en el Palacio de Gaviria, en esta ocasión se trata de la primera exposición retrospectiva en Madrid dedicada a la figura de Tamara de Lempicka. La selección incluye en torno a 200 piezas procedentes de más de 40 colecciones privadas, museos y prestadores, podrá visitarse en Madrid hasta el 24 de febrero de 2019.

La exposición de Madrid presenta una atenta contextualización de la trayectoria artística de Lempicka también a través de una puesta en escena inmersiva, donde sus obras están colocadas en ambientes decorados con reconocibles objetos déco. Así se constituye un recorrido en el que las pinturas dialogan con muebles, biombos, lámparas, jarrones, vidrieras, fotografías y grabaciones de época.

Comisariada por la experta Gioia Mori —quien ha dedicado una década al estudio de la artista polaca—, este proyecto expositivo recorre la trayectoria de la “Reina del Art Déco”. La labor de la comisaria ha contribuido a arrojar luz sobre la gran dimensión artística de Lempicka y a reconstruir los aspectos más desconocidos de su biografía.

Tamara de Lempicka fue pionera en desarrollar el movimiento más característico de la época, marcada por la estética de los años 20 con sus motivos geométricos, colores brillantes y formas rotundas: el art déco. Un estilo clásico, simétrico y rectilíneo que alcanzó su mayor apogeo entre 1925 y 1935, pero que hunde sus raíces en movimientos anteriores como el cubismo y el futurismo, así como en la influencia de la Bauhaus. Lempicka fue una de sus representantes más destacadas en el ámbito de las artes plásticas, para las que planteó toda una revolución.

La muestra, que está despertando gran expectación en el público español desde que fue anunciada por Arthemisia, ha sido ya presentada por esta empresa italiana de gestión cultural en otras sedes como el Palacio Real de Milán (2006), La Pinacoteca de París (2013), el Palacio Chiablese de Turín (2015) y el Palacio Forti de Verona (2015), todas ellas han cosechado notable éxito de público y crítica.

“Tamara de Lempicka. Reina del Art Déco” establece un recorrido por la evolución de la artista a través de 10 secciones a lo largo de las salas del Palacio de Gaviria. Además, constituye en cierta manera su vuelta a España después de un épico viaje que la artista realizó hace ochenta y seis a nuestro país y que tuvo gran calado en su obra y en el mundo artístico de la época.

En el verano de 1932, la artista realizó una larga estancia en España, con un viaje que la llevó a Málaga, Sevilla, Córdoba, Toledo y Madrid, documentado por algunos extasiados artículos firmados por los críticos españoles del momento. Aclamada como una diva, admirada por su arte caracterizado por un lenguaje neto y refinado, descrita como un ejemplo de belleza y elegancia, Tamara de Lempicka subrayó en las entrevistas su interés por El Greco y Goya, que estudiaba diligentemente en largas sesiones en los museos españoles.

¡A París! ¡En París, en los años locos!

Al término de la Primera Guerra Mundial, y con la destrucción de los grandes imperios europeos, París se convirtió en un lugar de encuentro y de nuevos comienzos para artistas e intelectuales de todo el mundo, que vivieron una etapa de efervescencia inigualable en lo que fueron denominados “Los años locos”. El acontecimiento artístico que marcó este periodo fue la Exposición Internacional de Artes Decorativas de 1925, que avaló la difusión del art déco, un movimiento con vocación de internacionalidad, modernidad y decorativismo.

Tamara de Lempicka se encontraba entre aquella nueva población que había llenado la capital francesa con su creatividad, huyendo de la revolución bolchevique. Expuso por primera vez en el Salón d´Automne, en 1922 y rápidamente alcanzó un éxito de reconocimiento global. Su arte, lleno de referencias a la moda y el glamour del momento se erige hoy como un icono de aquella década.

La casa más moderna de París

La casa de la rue Méchain 7, comprada por Lempicka en 1930, reunía todos los elementos de la modernidad arquitectónica. En las revistas francesas, polacas y británicas de la época esta casa-estudio fue uno de los espacios más alabados como ejemplo de modernidad. El edificio era un proyecto del arquitecto y escenógrafo Robert Mallet-Stevens, maestro de la arquitectura art déco, mientras que los interiores eran de la hermana de Tamara, Adrienne Gorska. Ella fue primera polaca que logró licenciarse en arquitectura y fue pionera en el diseño de salas de cine, en especial los Cinéac (cines de actualidades) en París y el resto de Francia.

Un artículo de Georges Rémon en Mobilier & Décoration, en enero de 1931 describe su espacio como luminoso, frío, con tubos a la vista, mesa de acero y silla negra, mesas de Djo-Bourgeois, sillas de René Herbst, iluminación de Perzel, esculturas de Chana Orloff y de los hermanos Jan y Joël Martel. Una casa “ultramoderna” donde todo era funcional y donde no había el menor detalle sentimental, un lugar que la prensa polaca describiría como “gris humo, gris pizarra, gris piedra, gris plata”.

Tamara de Lempicka y la Moda

Otro signo de la modernidad de Lempicka fue la relación que tuvo con la moda, un sector tan relevante para la época que llegó a tener una sección especial en el Salon d’Automne. Así, el mundo de la moda marcó los comienzos artísticos de Lempicka, cuyos primeros trabajos fueron como ilustradora para revistas femeninas como el magazine Femina, del que la exposición incluye un ejemplar original de 1921 ilustrado por la artista. Además se exponen bocetos y figurines originales, así como las obras maestras, como Las confidencias (las dos amigas) de 1928 y La bufanda azul de 1930. Obras que, sin duda, que documentan este ávido interés de Lempicka por las tendencias y la estética.

Siempre alerta para posicionarse como “la mujer más elegante de París” e inspirándose en Greta Garbo, eligió con cuidado a los fotógrafos que la retrataron como Lorelle, D’Ora, Maywald o desde Thérèse Bonney –de quien se incluyen en la exposición algunas instantáneas inéditas– todos ellos fotógrafos de las estrellas del cine.

Con el objetivo de profundizar en el gusto y las predilecciones de Tamara en materia de moda, la exposición incluye trajes y sombreros de sus modistas y diseñadores favoritos: Descat, Schiaparelli, Vionnet o Patou, procedentes de colecciones privadas y museos, como la Galleria del Costume de Palazzo Pitti de Florencia y el Museo del Traje de Madrid, así como varios zapatos del Museo Salvatore Ferragamo. Por otra parte, muchos de sus retratos, que muestran rostros pulidos como la cerámica y maquillados a la perfección, remiten a las cabezas de los maniquíes de Siegel, dos de los cuales también forman parte de la exposición.

Las amazonas

“Las amazonas” era el nombre con el que se denominaba, a principios del siglo XX, a las mujeres homosexuales. Tamara de Lempicka nunca ocultó sus amores femeninos, en una época en que la cultura afrontó el tema de un modo relativamente desinhibido. Es en los años 20 cuando se completa la publicación de En busca del tiempo perdido de Proust y varias películas como La caja de Pandora (Lulú), dirigida por Georg Wilhelm Pabst (1929), Marruecos, de Josef von Sternberg (1931) y La reina Cristina de Suecia, con dirección de Rouben Mamoulian (1933), incluyen escenas sáficas.

A pesar de esta desinhibición cultural, muchas de estas historias seguían considerándose un tabú por la sociedad. Como las garçonnes que adoptaban modales y ropas masculinas y frecuentaban, como Lempicka, los transgresores locales “sólo para mujeres”. Este universo aparece en pinturas como El doble «47», de 1924, donde el número muestra la dirección oculta de una de estas casas.

Esta sección de la exposición incluye también un gran número de desnudos realizados por la artista, en los que se puede ver la evolución de su estética pictórica. Sus desnudos de principios de los años veinte denotan un claro estudio del arte antiguo, para luego evolucionar en la segunda mitad de la década para trasladar reflexiones sobre los juegos de luces y sombras propios de los estudios fotográficos, algo que resulta evidente en el retrato La hermosa Rafaela, de 1927. En esta sección se puede apreciar la presentación delicada de los bustos dibujados por la luz, los rostros sumidos en la oscuridad, apenas perceptibles y los fondos sin decoraciones que realzan la figura de la mujer, presentada como ser deseado.

Naturaleza muerta

Otro de los temas predilectos de Lempicka fue el bodegón compuesto por flores, del que se convertirá, sobre todo desde los años treinta, en una ejecutora virtuosísima. El tema ya había sido afrontado por la artista en 1927, cuando pintó una rosa solitaria apoyada sobre una hoja de papel, retomando una fotografía de Kertész de 1926, en la que la flor fotografiada desde cerca parecía tener pétalos de particular consistencia, como si fueran de un material sintético y rígido. Las naturalezas muertas de Lempicka se distinguen por la sobriedad compositiva y por un punto de vista cromático muy personal donde el gusto art déco es indudable. Esto también se plasma en sus hortensias, que guardan fuerte influencia del arte japonés de Hokusai e incluso en bodegones con frutas y fondo negro, de fuerte regusto barroco.

Esta sección se completa con varias piezas de Alfredo Ravasco (Génova, 1873 – Ghiffa, 1958), uno de los escultor más destacados del periodo art déco, representativo del ideal de orfebre moderno. Ideaba sus obras como una especie de microarquitecturas con los materiales más variados, usando siempre con acordes cromáticos muy refinados y una gran modernidad compositiva. Al igual que Lempicka en 1925 participó en la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París con una serie de joyas, copas, cajas y objetos zoomorfos que fueron muy apreciados por sus líneas geométricas.

Madres e hijos

Kizette Lempicka (fruto del matrimonio entre la artista y Tadeusz Lempicki) nació en 1916 y ya desde muy pequeña sirvió de modelo a su madre, que la retrató varias ocasiones. Todas sus estampas de infancia y adolescencia tuvieron una gran acogida entre la crítica, como fue el caso de Kizette en el balcón, que le valió un diploma de honor en la Exposition Internationale des Beaux-Arts (Burdeos). En la exposición se incluye un retrato de la niña realizado en 1924, pero Kizette seguiría ejerciendo de modelo a su madre en la edad adulta, con retratos como el que se podrá admirar en el Palacio de Gaviria, que data de 1954.

En este sentido, una de las piezas más singulares que se incluyen en la muestra es la pintura que en la bibliografía moderna se ha titulado Madre con niño, pero que en realidad representa a la Virgen con el niño Jesús, como indicaba el pie de una foto publicada en enero de 1939 en “L’Officiel de la couture et de la mode”. Retratos de Louisanne Kuffner o Malvina Decler, madre de la artista, entre otros, completan esta sección de la muestra.

Alfonso XIII

Esta exposición de Madrid tiene lugar tras descubrimientos recientes de la comisaria Gioia Mori, que constituyen piezas importantes para la reconstrucción de la historia biográfica y artística de Lempicka. Es el caso del retrato de Alfonso XIII que nunca había salido a la luz pública. Cuando Alfonso XIII murió en el exilio en Roma, en febrero de 1941, Lempicka ya se había mudado a Estados Unidos y estaba a punto de inaugurar una importante exposición individual en la Julien Levy Gallery de Nueva York. Los periódicos publicaban todos los días entrevistas suyas y, en cada ocasión, relataba con énfasis que había coincidido con el rey español, quien le había concedido algunas sesiones de pose en los años treinta durante su exilio italiano impactado por su ironía y locuacidad incontenible.

Como consecuencia del desconocimiento del paradero de este cuadro las dudas sobre la veracidad de este relato siempre han estado presentes. Ahora, ochenta años después de aquellas declaraciones, Gioia Mori ha resuelto el misterio y ha descubierto una pintura inacabada sobre lienzo con el retrato de Alfonso XIII ensalzado por la artista. Para avalar su veracidad también ha sido hallada una carta privada dirigida a un coleccionista que documenta la fecha de realización, el año 1934, así como su lugar en Italia. Este retrato se presentará en Madrid y se comparará con otros retratos contemporáneos del rey, incluidos dos del monárquico Federico Beltrán-Masses, que Lempicka conocía desde 1927.

Además, la sección incluye el cuadro Los refugiados pintado en 1931 y procedente de la colección del Musée d’Art et d’Histoire di St. Denis. Lempicka, que había vivido la caída del Imperio zarista, estaba impactada no solo por el exilio que le había tocado en suerte al rey Alfonso XIII, sino también por el sufrimiento de los refugiados que se iban de España a Francia al empezar la II República. Una pieza fuera de los esquemas decorativos que la habían hecho famosa, alejada del estilo de vida que la artista mostraba en sus obras, pero llena de pathos.

El manual de Historia del Arte

“La señora baronesa, medievalista moderna” fue el título de un artículo que se le dedicó a Lempicka en 1941. En él se destacaba cómo sus cuadros revelan un estudio de la pintura italiana del siglo XV y la flamenca del XVII, de los que la artista era una gran admiradora. Los nombres mencionados en el artículo eran Van der Weyden, Crivelli, Vermeer y El Greco, pero a estos habría que añadir Hayez, Pontormo, Bernini, Miguel Ángel, la estatuaria helenística-romana, Botticelli y Rafael. Todo ellos convertían a Tamara en un auténtico manual de Historia del Arte.

Esta recuperación de la antigüedad que hace la artista está en sintonía con los principios del art déco, que adopta grafismos etruscos, egipcios y precolombinos junto con formas dieciochescas, insertándolos en contextos de modernidad extrema: estas líneas se aplican desde los rascacielos hasta el mobiliario. Por otro lado, el art déco tomó de la escultura antigua el gigantismo y los volúmenes amplificados de su escultura, elementos que también encontramos en las figuras de Lempicka de los años veinte y treinta.

Tamara de Lempicka, baronesa Kuffner

En febrero de 1939 Tamara y su segundo esposo, el barón Raoul Kuffner, dieron una última fiesta en su casa de la rue Méchain, tras la cual se marcharon a Estados Unidos. Llevaban tiempo preparando en secreto su traslado ante el inestable clima previo a la II Guerra Mundial. En 1940 alquilaron en Beverly Hills la antigua casa del director King Vidor, donde se tomaron una serie de fotos en las que Tamara aparece como una diva de Hollywood. Aquí celebraron suntuosas fiestas a los que acudían muchas glorias del cine, como Pola Negri, Theda Bara, Greta Garbo, Tyrone Power, Annabella o Charles Boyer.

En 1941 Lempicka encomendó su relanzamiento al galerista Julien Levy, que organizó tres exposiciones en Nueva York, San Francisco y Los Ángeles, sufragadas por el barón Kuffner. La crítica consideró anacrónica la pintura de la entonces llamada “baronesa Kuffner”. En esta seción se incluyen varias fotografías de la época, algunas de ella realizadas por el noble ruso Nicholas Orloff, que fue durante la Segunda Guerra Mundial un espía del KGB en los Estados Unidos, para luego trabajar en OSS, la agencia pre-CIA.

Fue en esa época cuando Lempicka declaró a la prensa estadounidense que quería hacer una exposición únicamente con cuadros que representaran manos. Este proyecto nunca se llevó a cabo, pero varias pinturas de esta década retoman el tema. En realidad, la artista llevaba a cabo un asunto que ya había explorado ampliamente en París durante los años veinte. En 1928 un reportaje de la revista VU explicaba que muchos fotógrafos se dedicaban al retrato de manos, porque éstas realizan lo que la mente inspira y crea. Las imágenes más significativas de manos, que sin duda vio Lempicka, son obra de los fotógrafos más importantes de la época: Laure Albin Guillot, Berenice Abbott, André Kertész y François Kollar, algunas de las cuales se incluyen en la exposición y a las que hay que sumar las realizaciones surrealistas de Dora Maar.

Las visiones amorosas

Uno de los rasgos que hicieron que Lempicka se convirtiera en el icono de una modernidad transgresora y precursora es su manifiesta bisexualidad y el amor por algunas mujeres que dieron origen a sus grandes obras maestras.

Son aquellas pinturas que ella llamaba visions amoureuses y que cierran el recorrido de la exposición: la mujer con la que mantuvo una relación durante décadas, Ira Perrot, modelo de Sa tristesse de 1923; la aventura de un encuentro, Rafaela, modelo de su desnudo más erótico, La hermosa Rafaela de 1927, resplandeciente en la oscuridad del fondo. Historias sáficas, abrazos prohibidos, como el de la pintura Las muchachas jóvenes, de 1930, que se perfilan sobre la modernidad de los rascacielos de Nueva York, una obra que no se expone desde el año 1994 y que se ha convertido en imagen central de esta muestra en Madrid.

EXPOSICIÓN ORGANIZADA Y PRODUCIDA POR:

CON LA COLABORACIÓN DE:

ESpÓnsor técnico

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Todas las obras de Tamara de Lempicka incluidas en esta we son © Tamara Art Heritage / ADAGP, Paris / VEGAP, Madrid, 2018